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Aridez y niebla en Bogotá

. martes, 12 de enero de 2010
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Luis Fernando Molina Prieto   Flora Capital - Bogotá   January 2001

Desde la época de su fundación, hace más de 45 años, el Jardín Botánico de Bogotá ha venido definiendo y consolidando una serie de ambientes que permiten la conservación de las especies propias de los ecosistemas altoandinos. Estos trabajos se iniciaron con la propuesta inicial de su fundador, el científico Enrique Pérez Arbeláez, y han sido continuados con el paso de los años siguiendo las directrices de algunos de sus directores, como Luis Eduardo Mora Osejo, o la actual directora María Consuelo Araujo, siempre, o mejor, casi siempre, con el apoyo y la asesoría del actual subdirector de conservación, Francisco Sánchez, quien labora en el Jardín Botánico desde hace muchos años.
El objetivo es cultivar y reproducir especies de plantas para su conservación Ex situ, expresión latina que significa: fuera de su ambiente natural. Como resultado, la ciudad cuenta con un jardín botánico científicamente organizado, en donde el visitante casual o el estudioso de la botánica encuentran un sinnúmero de plantas catalogadas, identificadas y distribuidas en distintos "ambientes", como el criptogamium o jardín de los helechos, el palmeto o jardín de las palmas, el jardín de las angiospermas o plantas con flor, el herbal de plantas aromáticas y medicinales, el jardín de las coníferas o el de las plantas exóticas, por sólo nombrar unos cuantos. En consecuencia, hoy día se puede considerar al Jardín Botánico como un banco de germoplasma vivo, pues muchas de las especies que posee son importantes productoras de semillas, lo que asegura su conservación a largo plazo.
Sin embargo son muy distintos los ecosistemas que posee la Sabana de Bogotá y muy variadas las especies vegetales que los habitan, por su alta diversidad biológica, y el Jardín Botánico, como importante centro de conservación, busca abarcar con sus colecciones la mayor cantidad de ecosistemas y plantas posibles. Por estas razones en los últimos meses se han desarrollado, al interior del Jardín, dos nuevos ambientes: el enclave xerofítico andino o ambiente árido de clima frío, y el bosque de niebla.
Enclave xerofítico andino
Para el desarrollo de este ambiente se tomó como modelo el ecosistema de la Laguna de La Herrera, que se caracteriza por una baja pluviosidad (promedio de lluvias por año) y una elevada radiación solar, aspectos que le conceden un microclima muy particular, lo que se debe a las fuertes corrientes de viento que mantienen despejado el pedazo de cielo que la cubre. Estos aspectos ambientales alteran las condiciones típicas de la Sabana de Bogotá (alta humedad, radiación media) para generar un ambiente seco y semiárido en el que se desarrollan especialmente plantas espinosas como los cactos, o especies de árboles muy resistentes a las sequías como el dividivi de tierra fría (Caesalpinia spinosa).
Para que el lector que no conoce La Herrera logre imaginar su ambiente, no sobra decir que es uno de los lugares preferidos por los investigadores para el estudio de los escorpiones, pues como en todo desierto, allí se encuentran amplias poblaciones de dos clases de estos temidos artrópodos: el Tytius columbianus y el Chactas keiserlingi. Pero la riqueza biológica de La Herrera es mucho más amplia, pues por contar con una laguna, que se puede considerar un humedal por sus características, cuenta con una importante variedad de plantas lacustres entre las que habitan aves como las garzas y las tinguas, o anfibios como la rana verde (Hyla labialis), entre otras muchas especies.

Pensando en que los habitantes de Bogotá conozcan este importante ecosistema sin salir de la ciudad al tiempo que se trabaja en la conservación de sus especies vegetales, el Jardín Botánico viene desarrollando desde julio del presente año el Enclave xerofítico andino, que alberga una rica colección de plantas típicas de La Herrera, como el cacto Wigginsia vorwerkiana, una especie en peligro de extinción que sólo se encuentra en La Herrera, y algunas orquídeas como la Epidendrum elongatum cuyos ejemplares ya están florecidos. También se están adaptando al nuevo ambiente especies de ecosistemas similares, como el falso pimiento (Schinus molle) que es oriundo del árido Perú y se cultiva desde tiempos de la Colonia en Villa de Leyva, además de una buena variedad de plantas exóticas propias de ambientes áridos de otros países como la sábila (Aloe) y los chupahuevos (Echeveria, Kalanchoe) entre otras.
Para la realización de este ecosistema, llamado por el fundador del Jardín Botánico Enrique Pérez Arbeláez Islas de Sequía, se recurrió a un grupo de enormes piedras que durante la construcción del Parque Simón Bolívar, el destacado arquitecto nipón Kenzo Tange, asesor del proyecto, quiso utilizar para la conformación de un jardín japonés, pero que en últimas no se ejecutó, por lo que reposaron en los predios del parque por más de 20 años. Trasladadas al jardín, las enormes rocas sirvieron como base para el ambiente semidesértico, siendo ordenadas una a una bajo la dirección de Francisco Sánchez, siguiendo criterios ecológicos y estéticos que tuvieron en cuenta detalles al parecer irrelevantes pero de gran significación. Es el caso de una piedra alargada que se destaca por encima de las demás, pues sobresale como señalando al cielo, de la que Francisco nos cuenta que emula, o es una versión a menor escala, del enorme megalito que algún día vio cerca del volcán del Puracé, y que se conoce con el nombre de Gualcalá, palabra de origen muisca que significa: "el dedo de dios".
Contenidos por las piedras se construyeron taludes artificiales y se recubrieron con tierra arcillosa de color rojizo, muy similar al suelo típico de La Herrera, lo que fomenta una mayor reflexión de la radiación solar e incrementa la temperatura del ingenioso ambiente.
Es importante destacar que aunque el Jardín Botánico se ubica en el corazón de Bogotá y goza de su clima, cada ambiente ha sido recreado de manera tal que permita el crecimiento normal de las colecciones, así, el jardín de los helechos, plantas que exigen una alta humedad, se desarrolla entorno a la cascada artificial, el ambiente de páramo se ubica en una pequeña "montaña" también artificial, expuesta a fuertes corrientes de viento. De igual manera el Enclave xerofítico, gracias al ingenio de sus creadores, posee el microclima caluroso y seco que exigen las plantas propias de las zonas semiáridas. Así, al recorrer el Jardín Botánico, se cambia varias veces de clima, pues la radiación solar, la humedad relativa y la velocidad del viento, los tres factores que determinan el clima de un lugar, han sido alterados y acondicionados de acuerdo a los requerimientos de las plantas.
De otro lado y para concluir el paseo por el Enclave xerofítico andino debemos referirnos a su lago particular, que da el toque final a este nuevo ecosistema. Para su diseño se pensó en la caída de un eteorito, lo que además de conformar el foso del lago habría generado la fragmentación del suelo a su alrededor. Estos efectos cosmodinámicos se encuentran recreados de interesante manera en el terreno, de forma que al visitarlo no sólo se logra una aproximación a la flora y con el tiempo a la fauna de la Laguna de La Herrera, con su clima y ambiente típicos, sino que se pueden captar a través de los sentidos los procesos que han determinado la formación y alteración de la corteza terrestre a través de los milenios.
Bosque de niebla
En otro sector del Jardín Botánico se adelanta la construcción del ambiente "Bosque de niebla", un ecosistema que en la naturaleza funciona como recolector de pequeñas gotas de agua, contribuyendo así a la formación de los caudales de quebradas, arroyuelos y ríos en el bosque alto andino. Se caracteriza además por hallarse de manera constante inmerso entre nubes o neblina que lo acarician. Este ambiente, a diferencia del Enclave xerofítico aún se encuentra en proceso de construcción, lo que incluye la siembra paulatina de especies típicas y la demarcación de senderos para el visitante, además de la instalación de nebulizadores que en un próximo futuro dispersarán en el ambiente la niebla que caracteriza el ecosistema. Sin embargo, ya forma parte del recorrido que todo visitante debe realizar para conocer a fondo la elevada diversidad biológica que caracteriza a la Sabana de Bogotá.

Caralluma munbyana, endemismo ibérico

. jueves, 17 de septiembre de 2009
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Endemismo del sureste de la Península Ibérica, en las provincias de Murcia, Albacete y Alicante. 

Buenas noticias para la Euphorbia gaditana

. martes, 23 de septiembre de 2008
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Una flor contra los molinos


Los parques eólicos de Vejer sufren cambios por una planta en vías de extinción

LIBERTAD PALOMA - Cádiz - 18/09/2008

Diario EL PAIS-Andalucía


El parque energético que la empresa Desarrollos Eólicos construye en Vejer no podrá erigirse tal y como fue proyectado. La responsable, la Euphorbia gaditana, un arbusto en vías de extinción que tiene como hábitat los terrenos en los que se levantarán los aerogeneradores. Esta planta, incluida en el Libro Rojo de la Flora Amenazada de Andalucía podría verse dañada con los movimientos de tierra que requieren los trabajos para la construcción de estas torres de energía eólica.


La voz de alarma la ha dado el Colegio Andaluz de Biólogos, y ha hecho actuar ya a la Junta de Andalucía y a la Guardia Civil. El Instituto Armado ha abierto diligencias informativas contra la empresa constructora adjudicataria de las obras por un presunto delito contra la flora y la fauna. Los trabajadores que preparan el terreno para la instalación de los aerogeneradores en el parque eólico conocido como Tejonero podrían haber incurrido en este delito al amenazar el hábitat natural de esta especie.

También la Junta de Andalucía ha tomado cartas en el asunto. La Delegación de Medio Ambiente de Cádiz ha verificado, por medio de prospecciones de campo, la existencia de la euphorbia gaditana.

Su descubrimiento ha llevado a la administración a exigir algunos cambios a la empresa: en lugar de 17 molinos de viento, el parque deberá limitarse a tener 16.

La delegada de Medio Ambiente, Gema Araújo, ha explicado que, además, deberán tenerse en cuenta otras precauciones para conservar el hábitat de la planta, como limitar el acopio de tierra: "Siempre que aparece una planta en peligro de extinción hay que tomar medidas para que quede constancia de su existencia, se señala su localización y así se da seguridad a la zona en la que ha aparecido".

Araújo ha reconocido que otro parque eólico en proyecto, el denominado Mostaza, también cuenta en sus terrenos con la presencia de algunos ejemplares de euphorbia gaditana. Sin embargo, en este caso no serán necesarias modificaciones. La dispersión de las plantas permitirá la instalación de los molinos sin que éstas se vean afectadas.

La euphorbia gaditana ha estado en los terrenos de los futuros parques eólicos desde siempre, pero hasta ahora no se ha constatado su presencia.

El Colegio de Biólogos de Andalucía tuvo acceso al informe de impacto ambiental realizado sobre los parques eólicos de Vejer.

Al examinarlo se dieron cuenta de la ausencia de referencias a esta planta. "Hemos descubierto que el parque eólico que se proyecta en Vejer está delimitado justo en el área en que se describe esta especie en vías de extinción. Nos ha asombrado, porque en el estudio realizado por la propia Junta de Andalucía no describe la existencia de esta planta".

También se ha sorprendido por la noticia el Ayuntamiento de Vejer, que había otorgado la licencia de obras a la empresa energética sin conocer la presencia de una especie amenazada.

La plataforma ciudadana Vejer Futuro, que desde hace años trata de reducir al mínimo la instalación de aerogeneradores en la localidad, ha visto en este descubrimiento un aliado: "Resulta que una simple matita del campo, que tendrá su fuerza, puede más que nosotros", manifestó ayer Francisco Altamirano, miembro del colectivo.

Para tomar consciencia...